Intervención paisajística en el Hotel Yanguas Názari Palace
El Jardín del carmen
Javier Dávila (promotor), Fernando Acale (arquitecto), Rafael Doblas y Carmen Dávila (interioristas), Ignacio Mauror (paisajista), ServijardínBio (jardinero)
EL JARDÍN DEL CARMEN
La geometría y el recorrido del agua
Un patio de crucero contemporáneo en una parcela irregular.
La incorporación de un carmen moderno a una casa medieval del siglo XV permitió ampliar el conjunto y dotarlo de un nuevo jardín exterior, concebido como lugar de estancia, encuentro y disfrute al aire libre.
La intervención supuso una transformación profunda de la organización del espacio. Aunque se conservó la piscina existente y el arbolado consolidado —entre él, un granado, un caqui y una higuera—, se modificaron la geometría del jardín, sus accesos y la relación entre las diferentes zonas.
El principal desafío consistió en introducir la estructura de un patio de crucero en una parcela irregular, cuyos muros no guardaban paralelismo entre sí. Mediante una nueva organización de recorridos, arriates y terrazas, la geometría del crucero se convierte en el elemento ordenador del jardín sin imponerse de manera rígida sobre las condiciones del lugar.
El desplazamiento de la entrada desde la calle permitió generar una zona de césped más recogida junto a la piscina, delimitada por un emparrado de columnas de mármol y vigas de madera. Este ámbito constituye un espacio de descanso diferenciado del patio principal, mientras las dos terrazas establecen una transición entre las distintas cotas del jardín.
El agua enlaza todos estos espacios mediante un recorrido continuo. El circuito comienza en una fuente situada en la terraza superior, continúa mediante un pequeño salto hacia un canalillo y desciende, a través de un mascarón, hasta la terraza inferior. Desde allí alimenta los canales del patio de crucero, organizados alrededor de una fuente central de mármol inspirada en los modelos de la Alhambra.
Un sistema de iluminación mediante fibra óptica, integrado en las toberas y los canales, permite destacar el movimiento del agua durante la noche sin alterar la lectura de los elementos arquitectónicos.
La materialidad refuerza la vinculación del jardín con la tradición local. El pavimento se resuelve mediante empedrado granadino, mientras las piezas cerámicas marroquíes delimitan los arriates. Las formas de estos últimos dialogan con el octógono central de la fuente, abriéndose y cerrándose para crear ámbitos de distinta escala e intimidad.
La vegetación desempeña un papel esencial en esta organización. Los árboles preexistentes conservan la memoria del jardín anterior y aportan sombra y madurez a la nueva composición. A ellos se suman arrayanes, ruscos, esparragueras y diversas trepadoras que cubren muros, columnas y emparrados.
En una posición destacada, entre la primera fuente y la piscina, se sitúa un arrayán morisco propagado por el propio autor a partir de una estaquilla procedente de Murtas, en la Alpujarra granadina. Su presencia establece una relación especialmente directa entre la selección botánica y el territorio.
Los arrayanes reaparecen en los arriates laterales, evocando la imagen de estar «entre arrayanes», presente en la literatura andalusí. Ruscos y distintas especies de esparragueras aportan contrastes de textura y una vegetación de carácter más espontáneo, mientras jazmines, plumbagos y otras trepadoras ascienden por los muros y se derraman hacia la calle, prolongando el jardín más allá de sus límites.
Las tradicionales macetas granadinas de orejas, vidriadas en verde —color característico del establecimiento—, completan la composición. La nueva entrada queda protegida por un pequeño pabellón de jardín, provisto de ventanas, celosía, cubierta de tejas vidriadas y un yamur como remate.
El resultado es un jardín contemporáneo que establece un diálogo con la tradición jardinera granadina desde sus principios espaciales y sensoriales: el agua en movimiento, la geometría, la sombra, el perfume y la sucesión de lugares para detenerse y contemplar.
No se trata de reconstruir un jardín histórico, sino de reinterpretar sus recursos para dar respuesta a una nueva forma de habitarlo.